El Amor no se Mendiga
La vida siempre tiene desencantos y sinsabores. La felicidad no perdura para siempre, pero al mismo tiempo tampoco perdura la tristeza.
La ira también tiene su lugar, pero se debe controlar y liberarse de ella.
La felicidad es un estado de ánimo, una actitud controlable en la mayoría de las situaciones.
Siempre que sea posible, elige la felicidad. Conserva los buenos recuerdos y desecha las penas y los fracasos.
Permítete cometer errores y date cuenta de que así es como se aprenden las lecciones más importantes en la vida.
El pasado es un ancla que nos retiene. Si no nos liberamos de quiénes éramos, no podremos convertirnos en quienes debemos ser.
Confiar es difícil si no se conoce cuáles serán los resultados.

Cree de todo corazón que maravillosas oportunidades te están aguardando, caminos por recorrer y nuevos senderos por explorar.
Trata este nuevo capítulo de tu vida como una aventura, y hallarás desafíos y recompensas mejores que los que puedas imaginar.

Mendigar amor es lo peor de las indigencias, porque lo que está en juego es tú persona, y si  él que está por encima, acepta dar limosnas, no te merece.

¿Por que seguimos en una relación insana a sabiendas que no nos aman? Esperar a que te quieran puede ser una de las experiencias más humillantes y tristes, “Ya no me abraza, ya no se preocupa por mi” o “Nunca me he sentido realmente amado o amada”.          
                                        
¿Qué esperas entonces?
Jamás obligues a nadie a quererte,  es mejor obligarlos a irse. Quien insista en quedarse es quien realmente te quiere. Siempre seremos para alguien la persona correcta que conocieron en el momento equivocado.

La vida tiene cuatro sentidos: amar, crecer, luchar y ganar. El que ama crece, el que crece lucha y el que lucha gana.

Deja que las personas decidan si van a quererte o no, sin imposiciones, con altura y elegancia. El amor no debe aprisionar.

Muchas veces tenemos el problema de que el corazón no quiere admitir lo que tu mente ya sabe. No amamos con el corazón, sino con el cerebro. Nadie es víctima del amor sin su propio consentimiento.  Sabemos cuando estamos en el principio del final de una relación, ya que somos conscientes de todas las dificultades que estamos teniendo con evidencias reales y caemos en un círculo de justificaciones afectivas, autoengaño para prolongar más el final de la relación. El dilatar las cosas nos enferma y desgasta emocionalmente. Nos guste o no, algunas maneras de “amar”  son insoportables y agotadoras. Estos estilos afectivos disfuncionales desgastan a las personas y le quitan su energía vital, los acaba lentamente o los confunde, hasta el punto de sentirse irracionalmente culpables o creer que sufrir por amor es un hecho normal y generalizado (como si amar y ser víctima fuera la misma cosa).

Si no te quieren, no es negociable. ¿Qué vas negociar, qué acuerdos vas a proponer si no hay sentimiento, ni ganas ni deseo? ¡Qué mala consejera puede ser a veces la esperanza!  Para mi es claro que si alguien titubea o duda de que me ama, no me ama. “Dame un tiempo”, “Déjame pensarlo” o “No estoy seguro”: excusas o mentiras.

Si es evidente que no te quieren y sigues allí a la espera de la resurrección amorosa, dispuesta o dispuesto a responder a cualquier insinuación, te extralimitaste: estás del otro lado. Debemos ser realistas basándonos en las evidencias y ver con las luces altas no con las cortas, definir hasta cuándo seguir esperando la metamorfosis del ser amado.

Las relaciones no se terminan de la noche a la mañana. Por el contrario, la gran mayoría de ellas luchan, piden ayuda profesional y van más allá de sus fuerzas. Debemos ser valientes, deponer las armas y comprender que determinadas batallas no son nuestras o simplemente no nos convienen.
Aceptar los finales son síntomas de madurez y crecimiento personal.

Convertir nuestras debilidades en fortalezas es la clave para ganar cualquier batalla que la vida nos presente. Al ponerle fin a una relación que no le viene bien a mi vida es darnos la oportunidad de cruzar la puerta y poder ir en busca de un nuevo camino.
El Amor no se Mendiga
Mendigar amor es lo peor de las indigencias, porque lo que está en juego es tú persona, y si  él que está por encima, acepta dar limosnas, no te merece.
¿Por que seguimos en una relación insana a sabiendas que no nos aman? Esperar a que te quieran puede ser una de las experiencias más humillantes y tristes, “Ya no me abraza, ya no se preocupa por mi” o “Nunca me he sentido realmente amado o amada”.                                                   
¿Qué esperas entonces?
Jamás obligues a nadie a quererte,  es mejor obligarlos a irse. Quien insista en quedarse es quien realmente te quiere. Siempre seremos para alguien la persona correcta que conocieron en el momento equivocado.
La vida tiene cuatro sentidos: amar, crecer, luchar y ganar. El que ama crece, el que crece lucha y el que lucha gana.
Deja que las personas decidan si van a quererte o no, sin imposiciones, con altura y elegancia. El amor no debe aprisionar.
Muchas veces tenemos el problema de que el corazón no quiere admitir lo que tu mente ya sabe. No amamos con el corazón, sino con el cerebro. Nadie es víctima del amor sin su propio consentimiento.  Sabemos cuando estamos en el principio del final de una relación, ya que somos conscientes de todas las dificultades que estamos teniendo con evidencias reales y caemos en un círculo de justificaciones afectivas, autoengaño para prolongar más el final de la relación. El dilatar las cosas nos enferma y desgasta emocionalmente. Nos guste o no, algunas maneras de “amar”  son insoportables y agotadoras. Estos estilos afectivos disfuncionales desgastan a las personas y le quitan su energía vital, los acaba lentamente o los confunde, hasta el punto de sentirse irracionalmente culpables o creer que sufrir por amor es un hecho normal y generalizado (como si amar y ser víctima fuera la misma cosa).
Si no te quieren, no es negociable. ¿Qué vas negociar, qué acuerdos vas a proponer si no hay sentimiento, ni ganas ni deseo? ¡Qué mala consejera puede ser a veces la esperanza!  Para mi es claro que si alguien titubea o duda de que me ama, no me ama. “Dame un tiempo”, “Déjame pensarlo” o “No estoy seguro”: excusas o mentiras.
Si es evidente que no te quieren y sigues allí a la espera de la resurrección amorosa, dispuesta o dispuesto a responder a cualquier insinuación, te extralimitaste: estás del otro lado. Debemos ser realistas basándonos en las evidencias y ver con las luces altas no con las cortas, definir hasta cuándo seguir esperando la metamorfosis del ser amado.
Las relaciones no se terminan de la noche a la mañana. Por el contrario, la gran mayoría de ellas luchan, piden ayuda profesional y van más allá de sus fuerzas. Debemos ser valientes, deponer las armas y comprender que determinadas batallas no son nuestras o simplemente no nos convienen.
Aceptar los finales son síntomas de madurez y crecimiento personal.
Convertir nuestras debilidades en fortalezas es la clave para ganar cualquier batalla que la vida nos presente. Al ponerle fin a una relación que no le viene bien a mi vida es darnos la oportunidad de cruzar la puerta y poder ir en busca de un nuevo camino.